Historias de Amor
Masako Owada y el Príncipe imperial Naruhito de Japón
Casados el 9 de Junio de 1993
Estaba destinado
que el príncipe Imperial Naruhito sería el heredero del trono de 126
Crsiantemos, una dinastía de 16 siglos de antigüedad y la más vieja monarquía
del mundo. El misterio era identidad de la mujer que él seleccionaría como su
esposa y futura emperatriz de Japón. El joven príncipe afirmó que encontrar una
esposa era una hazaña comparable a escalar el Monte Fuji.
Había sido presentado con Masako Owada en octubre de 1986 en un recital de un cuarteto de cuerdas y un té en honor de la princesa Elena de España en un palacio cerca de los terrenos imperiales. Fue un encuentro arreglado, u o-miai, planeado por Kenesuke Yanagiya, una fuerza en el ministerio del exterior, quien había conocido a Masako desde que era niña. El nombre de Masako fue añadido a la lista de 40 chicas invitadas para la inspección de Naruhito en el último momento.
Aunque ella se graduó magna cum laude (con los máximos honores) de Harvard en 1975, habla tres lenguas y había ganado una reputación como excelente negociadora de comercio en el Ministerio Japonés de Asuntos Exteriores, Masako debió haber sido el caballo negro. Era una ordinaria e inteligente exitosa mujer moderna, acostumbrada a viajar sola, incluso a usar trajes de baño provocativos en Hawaii. Su independencia y veloz carrera rompía con todos los precedentes históricos para una esposa real y sumisa quien tendría que caminar varios pasos atrás de su esposo y prontamente producir un heredero.
Aunque su padre, Hisashi Owada, llegó a ser el viceministro de Relaciones Exteriores de Japón en 1991, su familia no estaba en la cima de la lista A-real. Había un asomo de escándalo en la historia de la compañía de su abuelo: bajo un ejecutivo anterior había sido citada por actividades químicas mortales “dumping”, lo que se había convertido en la catástrofe industrial por contaminación más ingrata del Japón.
Pero Naruhito inmediatamente se formó una “fuerte y buena” impresión de la bonita chica quien había portado un vestido azul para el recital y quien apenas había pasado su examen en el Ministerio Exterior. Unas cuantas citas chaperoneadas tuvieron lugar en abril de 1987. Terceras personas le hicieron saber a Masako que Naruhito estaba interesado en acercarse más. Ella no estaba entusiasmada. El no era su tipo, informó a los intermediarios.
El hijo mayor del emperador Akihito y nieto de Hiroito no tenía mucha experiencia con las mujeres. Se creía que nunca se enamoraría de alguien. Pasaba su tiempo en la contemplación del transporte de agua medieval, uno de sus temas favoritos. También disfrutaba escalar montañas, el buen vino y tocar la viola y el violín.

Un año después, Masako partió a Oxford por dos años y el comité oficial de búsquedas de Naruhito, la Agencia de Cuidado del Hogar Imperial, fracasó encontrar otra candidata para esposa tan atractiva para el príncipe como Masako. La lista de revisión incluía pureza (la mujer tenía que ser virgen), talle (más baja que los 1.62 metros del príncipe), edad ( de 20 a 25 años) y religión (ya fuera shinto o budista – Akihito es la cabaza esiritual del shinto). Muchas contendientes saltaron al matrimonio para evitar la posibilidad de entrar a la vida enclaustrada en el foso real del Palacio imperial de Tokio.
“Probablemente voy a superar al príncipe Carlos por la medalla de oro en casarse tarde”, se quejó cuando cumplió 32 años.
Cinco años después de su primer encuentro, un intermediario, posiblemente Yanagiya, le propuso a Masako reaundar el cortejo aunque Masako ahora tenía otro punto en su contra – estaba llegando a los 30. Un encuentro fue arreglado. Luego, el 3 de Octubre de 1992, en el terreno imperial de caría de patos fuera de Tokio, Naruhito preguntó: “¿Te casarías conmigo?” Masako no contestó.
El frustrado joven vivió un encuentro con su madre, la emperatriz Michiko. Ella supuestamente decidió tomar el asunto en sus manos y sostuvo una reunión con Masako. Como la primera mujer noble se casó con un futuro emperador, en 1959, ella sabía de primera mano las dificultades de adaptarse a la vida real. Soportó enormes perjuicios de otros nobles y se cree que sufrió un colapso nervioso y un aborto. Debido a sus propias experiencias la emperatriz Michiko podía fácilmente entender por qué Masako rechazaba a su hijo y prometió ayudarla y protegerla personalmente.
El encuentro de Masako con la emperatriz cambió la marea. Dos meses después, el 12 de diciembre, la pareja se reunió de nuevo en el palacio de Naruhito.
“¿Aceptarás mi proposición?” preguntó. “Puedes estar ansiosa respecto de convertirte en un miembro de la Familia Real. Pero Masako-san, te protegeré mi vida entera”
“Si puedo ser apoyada por ti, me gustaría aceptar humildemente. Ya que estoy aceptando, trabajaré duro para hacer feliz a su Alteza y también soy capaz de mirar hacía atrás mi vida y pensar *fue una buen vida*” , contestó Masako.
Masako recibió un anillo montado con una extraordinaria y grande perla, rodeada de diamantes, durante una ceremonia de intercambio de regalos de boda. Se cree que también recibió un anillo de compromiso de 2.5 quilates de diamantes y un anillo de zafiro. Renunció a su trabajo y rápidamente empezó a estudiar las principales reglas de etiqueta del palacio, poesía japonesa waka y caligrafía.
El día de la boda, 9 de junio de 1993, fue declarado fiesta nacional. De acuerdo con la tradición, el emperador y la emperatriz no pudieran estar entre los 812 invitados sentados fuera del santuario Kashikodokoro en los terrenos imperiales del palacio. Ellos vieron la ceremonia en su televisión de alta definición.
La ceremonia privada shinto, atendida sólo por el jefe ritualista y unos pocos asistentes, empezó a las 10:00 a.m. en punto. Naruhito de 33 años, portando un kimono ataviada con corona y cetro entró al sencillo santuario de madera que contiene el espíritu de la divinidad sola Amateraso matriarca de la familia real.

Sentada adentro estaba su novia de 29 años, adornada con un cabello engomado y vestida en un juni-jitoe, un kimono tradicional de boda de 12 capas realizado en colorida seda. El vestido pesó 15 kilos y tuvo un precio de etiqueta de 300 mil dólares. Naruhito leyó una promesa matrimonial. Masko permaneció en silencio. En vez de intercambiar anillo y votos, sorbieron sake sagrado.
Esa noche, la pareja vistió ropas occidentales para un desfile a lo largo de Tokio en un Rolls Royce convertible. Naruhito portó traje y Masako vistió un vestido de seda márfil sin mangas con un saco pétalo diseñado por el más destacado diseñador japonés, Hanae Mori. La tela era lana con oro en un diseño de nube, el mismo patrón que fue usado en el vestido utilizado con Michiko para su boda en 1959. El collar de diamantes y la tiara de Masako fueron obsequios de la emperatriz.
En la residencia de Naruhito, el Palacio Togu, la pareja fue festejada en una cena. Un cofre de madera lleno de pasteles de arroz fue colocado en recámara. Como un rito de fertilidad, fue quemado cuatro días después. La pareja asistió a seis banquetes adicionales en el transcurso de los tres días siguientes. Al respecto de la descendencia Masako comentó que deseaba que su esposo “no quisiera tener los suficientes hijos como para formar una orquesta familiar”.