Leyendas de Hadas
Continúan las leyendas de estos seres mágicos.
Doncella del musgo
En Bavaria, la región alemana, un carpintero era muy conocido por lo bien que trabajaba la madera. Una mañana, cruzando el bosque camino de su taller, se le acercó una anciana muy pequeñita con la piel grisácea y le pidió que le tallara un palito para enredar el hilo y hacer su bobina, porque con las ramas de los árboles sin tallar, a veces se pinchaba.
El hombre sonrió por lo fácil de su encargo, cortó una pequeña ramita, la talló y la pulió para que la mujer no se hiriera. Mientras la pulía, la ancianita le contaba historias que hacían reír al carpintero.
Al terminar el hombre le entregó el palito a la ancianita y le dijo que se lo regalaba, por el buen rato que le había hecho pasar. La anciana, agradecida, cogió un puñado de hojas y se las entregó, diciéndole que las guardara, porque le traerían suerte. El hombre aunque sorprendido por la ofrenda, no quiso ofender a la viejecita y se las guardó en su pantalón.

Cuando llegó al taller y sacó las hojas de su bolsillo, sólo encontró pepitas de oro.
Y es que estas doncellas recompensan a los hombres humildes, trabajadores y generosos con hojitas que convierten en oro y castigan a los que arrancan el musgos que ellas se encargan de tejer.