Historias de Amor
Lisa
Halaby y su majestad el rey Hussein I de Jordania
Casados el 15 de Junio de 1978
Siempre hubo algo diferente en Lisa Halaba. Alta y atlética, era bella y a la vez brillante. Sus amigos siempre supieron que esta chica dorada estaba destinada a tener una vida excepcional. Aunque era árabe-americana sentía una profunda atracción hacía sus raíces, no había manera de predecir que llegaría a ser la reina Noor al Hussein, o la “Luz de Hussein”, el nombre árabe escogido para ella por el rey Hussein I de Jordania, un descendiente del profeta Mahona.
Fue tomada fuera de guardia por la velocidad de los acontecimientos que cambiaron su vida tan radicalmente. “Literalmente fui volteada de cabeza”, afirma Noor.
La ruta que la llevó a un romance real en la antigua ciudad de Ammán comenzó en una época cuando las modernas mujeres estadounidenses empezaban a asumir posiciones de importancia en la fuerza de trabajo. Ella era hija de Najeeb Halaby, un árabe-americano de primera generación, quien puso en alta prioridad la educación y pasó muchos años como un servidor público dedicado, fue administrador de la aviación federal y presidente de la línea aérea Pan American. Lisa acudió a las mejores escuelas y fue aceptada en la primera clase de coeducación de Princetown en 1973, donde se graduó en arquitectura y planeación urbana. “Era más decidida que la mayoría de las mujeres de Princetwon” observó una vez un compañero de clase.

Lisa escogió una carrera profesional exitosa, se dirigió a Australia para trabajar con una firma de arquitectos con proyectos en el Medio Oriente. En 1955, aceptó un trabajo con una firma británica de planeación urbana en Irán y trabajó en un amplió proyectote desarrollo urbano en Teherán. Durante este periodo también viajó a Jordania y conoció a Hussein en diciembre de 1976 en una ceremonia oficial para celebrar la llegada del jumbo jet de la aerolínea nacional. El Rey estaba entonces casado con Alia Toukan, la hija de un diplomático jordano.
Hussein era un adolescente al lado de su abuelo, el rey Abdullah, cuando este último fue asesinado. Una bala fue también dirigida a Hussein pero una medalla, regalo de su abuelo, desvió su trayectoria. Dos años después, en 1953, Hussein de 18 años sucedió a su padre el rey Talal, al trono.
Como jefe de un pequeño
estado árabe, precariamente ubicado entre Siria, Irak, Israel y Arabia Saudita,
Hussein tenía
muchos
asuntos políticos que pesaban en su mente. Cuando la reina Alia murió en un
accidente de helicóptero, en febrero de 1977, se tuve que contentar con la
soledad de ser un padre soltero para sus hijos, incluyendo a un niño de su
primer matrimonio, cuatro de su segundo y dos con la reina Alia, así como su
hija adoptiva.
Ese mismo año, Lisa Halaby se mudó a Jordania para trabajar en un plan maestro para la Universidad del Aire Pan-Arabe, en Ammán, y luego para la Aerolínea Nacional Jordana. Ella lo explica de esta manera “frecuentemente veía al rey Hussein en el desarrollo de mi trabajo. Como directora de la planeación y diseño de proyectos, estaba involucrada con la supervisión de las instalaciones del aeropuerto, y él, con su amor a la aviación y su interés en promover a la aerolínea nacional, visitaba con frecuencia el aeropuerto para supervisar los avances. Fue la aviación, una pasión que también es compartida por mi familia, lo que nos unió”
Un día Hussein le pidió a Lisa que fuera a ver el nuevo y pobremente construido Palacio de Semilla y le aconsejara sobre las reparaciones necesarias. Ella le contestó que no estaba calificada para asumir esa clase de responsabilidad, pero sugirió que buscara la asesoría profesional de las firmas de construcción líderes. A pesar de todo, su mutua admiración se transformó en algo más.
En el curso de seis semanas, Hussein invitó a Lisa a comidas que duraban horas para escapar solos, conducían motocicletas, aunque eran seguidos siempre por guardias de seguridad. Volaron en el Helicóptero de Hussein a Akaba, un pequeño pueblo porteño rodeado de montañas en el norte del mar Rojo, donde él tenía una casa de verano.
Lisa no estaba preparada para la declaración matrimonial del rey. “Aunque tenía sentimientos muy fuertes y un profundo respeto por él, una declaración real no era lo que había soñado en mi juventud”, recuerda ahora Noor.
La futura reina ponderó un gran trato antes de darle una respuesta, porque quería estar segura de que ella era la esposa que él necesitaba. Mientras tanto, Hussein quería pedir permiso a los padres de ella y su mano en matrimonio, lo que se acostumbra en Jordania.
Había estado esperando visitar Estados Unidos para hacer la petición en persona, pero su visita fue pospuesta por razones políticas. “Finalmente se decidió a preguntar por teléfono de una manera tan tradicional como fue posible”, afirma Noor. “Aunque mis padres habían conocido y admirado por un largo tiempo estaban preocupados por mi y por las complejidades de la realeza y las posibles intrigas de la corte”
Al final de sus jornadas laborales, Hussin la invitaba al palacio para cenar y algunas veces para ver una película. Como recuerda Noor. “Durante ese tiempo, hablábamos no sólo de nuestro amor y de nuestros sentimientos mutuos, sino también de nuestra futura sociedad en busca de la paz en Medio Oriente y para el beneficio de nuestra gran familia jordana. Al final, entusiasmada por su confianza en mí, mis sentimientos por él prevalecieron sobre mis preocupaciones”.

El anuncio público de su compromiso tuvo lugar en mayo de 1978 y los planes se establecieron para que la boda fuese el mes siguiente después del compromiso. Liza, nacida en Washington, D.C. se convirtió a la religión musulmana y adoptó su nuevo nombre.
El 15 de junio en el Palacio Zahran, el hogar de la madre de Hussein, la reina Zaid, la novia de 26 años, portando un traje Dior y un solitario de diamantes que le fue dado como regalo de bodas y el novio de 42 años, dijeron sus votos en árabe frente al jefe de justicia de la Corte Islámica, quien leyó el Corán. La pareja se estrechó las manos. Aunque estuvo presente su padre, ni la madre ni la hermana de Noor fueron testigos de la ceremonia privada, la cual tradicionalmente excluye a las mujeres. Ésta fue seguida por una romántica recepción en los jardines del palacio, donde un pastel inglés de frutas de siete capas, el cual estaba en medio de los 500 invitados a la boda. Cada uno de ellos recibió una caja de plata como recuerdo.
Ahora , Noor recuerda: “Pasamos el resto del día juntos sin preocuparnos por los asuntos de Estado, luego desaparecimos hacía Akaba”.
La pareja tiene dos hijos y dos hijas