Leyendas de Hadas

Conoce más sobre estos seres míticos


 

Hadas de las aguas.

 

 

Las intensas investigaciones sobre el mundo de las hadas nos han llevado a la conclusión de que las que habitan en las aguas son el medio de contacto más habitual entre los hombres y estas criaturas mágicas, pues en lugar de esconderse, suelen buscar la relación con nosotros, los hombres.

 

Son muchas las historias y leyendas que han llegado a los oídos de pescadores y marineros que afirman haberlas visto en islas, mares, lagos o ríos. Suelen presentarse en forma de mujer, pero ¡ojo! Ten en cuenta que siempre hay algún rasgo que las delata:  una hermosa mujer con cola de pez, por ejemplo, es señal inequívoca de estás ante una criatura del reino del agua.

 

Eso sí, no te dejes seducir por su espectacular belleza, porque las hadas de las aguas tienen un carácter cambiante, según las aguas en donde se mueven: sí  las doncellas del lago son espíritus dóciles, las mujeres del río, en cambio, suelen tener repentinos cambios de humor, dependiendo de la virulencia con que se transiten sus aguas.

 

Por supuesto, las hadas de las aguas pueden llegar a ser implacables con aquellos que maltraten los animales o las plantas de su mundo submarino, o con lo que ensucien los ríos o los mares. Si lo haces ¡acuérdate de que un hada de las aguas te puede sumergir bajo su embrujo!

 

Doncellas cisnes.

 

 

Cuenta una leyenda celta que el príncipe Angus se enamoró de una doncella que vio una noche en sus sueños. Cuando despertó a la mañana siguiente, sintió una terrible desazón y buscó desesperado a la joven por todos lados, pero no aparecía. Preocupados por su  hijo, los reyes llamaron al brujo más poderoso de la corte, que les dijo dónde estaba.

 

El joven partió veloz y la encontró junto a otras quinientas doncellas. Intentó acercarse a ella, pero los soldados que la custodiaban le explicaron que se trataba de un hada, la hija del príncipe de los Daanos, y que no podía llevársela. El joven intentó entonces hablar con el padre de la doncella, pero éste se negó a entregarla la mano de su hija.

 

Ante la insistencia de Angus, un soldado le contó que la joven era humana un año y cisne al siguiente. Si quería capturarla, debía acercarse la noche del uno de diciembre, cuando las leyes mortales quedaban derogadas y el hada se transformaba en cisne. Justo en ese instante él podría llevársela. Cuando llegó esa noche, el príncipe esperó a que la joven cruzara el lago convertida en cisne, la llamó, y le dijo que la amaba y que quería casarse con ella. La doncella le sonrió y se fue con él a su palacio.

 

 

 

 

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